Déficit de Atención (DA)

¿Qué es el Déficit de Atención?

El Déficit de Atención (DA) constituye el grupo nuclear sintomático del TDAH por lo que en algún momento es posible emplear ambos conceptos casi como sinónimos.

Lo que hasta los años ochenta se conocía como “trastorno por hiperactividad”, fue variando y se enfocó de manera prioritaria hacia el Déficit de Atención sin eliminar, por supuesto, los síntomas relacionados con la hiperactividad y la impulsividad. Por tanto, los niños con DA son aquellos cuyos síntomas de dificultades atentivas son evidentes, pero en lo conductual se mantienen dentro del rango de la normalidad e incluso, en ocasiones, con apariencia de hipoactividad, lo que hoy se conoce como el TDAH de predominio inatento. En general, son niños con dificultades para hacer uso adecuado de su atención, entendida como la puerta de entrada para el resto de las funciones cognitivas, lo que dificultará el procesamiento ulterior de la información y, por ende, el aprendizaje.

Factores que intervienen en el proceso de la atención.

Hay un factor definitivo para entender el proceso de la atención visto desde el sujeto receptor del estímulo: la intensidad del mismo. Una intensidad que queda modulada por un factor interno a la persona como es la motivación o el interés por el mismo. De esta manera cada estímulo tendría un valor extrínseco (propio del estímulo), y otro intrínseco (propio del sujeto), que sería la motivación. De la interacción de ambos resultaría la mayor o menor facilidad para prestar atención al estímulo.

Problema de base genética.

Hoy sabemos que el TDAH tiene una determinación genética bien definida que condiciona una heredabilidad del trastorno, de modo que a través de la genética podemos explicar un 70% del problema. Pero no debemos menoscabar el papel del ambiente en la modulación de la expresión de los genes porque hoy es la única área donde podemos influir e intervenir.

Desde la neurobiología se han identificado diferencias estructurales en el cerebro de los menores con TDAH, pero sobretodo diferencias funcionales. Y es en el área del córtex dorsolateral prefrontal, es decir, la región anterior al cerebro, la que está implicada en la planificación y la ejecución de tareas, en la que los niños con estas dificultades se ha encontrado una menor actividad y con cierto retraso madurativo.

Por otro lado, se han detectado diferencias en el funcionamiento de la actividad de ciertos neurotransmisores, como son la dopamina y la noradrenalina principalmente, que están implicados en las funciones cognitivas afectadas en el TDAH y han servido como base para los tratamientos y para la búsqueda de nuevos genes responsables del trastorno.

¿Cómo detectar el trastorno?

En general, el diagnóstico del TDAH o, de manera más concreta, del DA, se basa en una descripción de síntomas relacionados y así recogidos en las principales clasificaciones diagnósticas de enfermedades mentales, como son el DSM o la CIE. Ambas clasificaciones son similares y nos permiten hacer una descripción detallada de lo que es el grupo de síntomas del Déficit de Atención como aspecto nuclear del TDAH.

Son niños que a menudo no se fijan de forma suficiente en los detalles o que cometen errores por no prestar atención a lo que están haciendo, descuidando la realización de las tareas o equivocándose en cosas que conocen. Un ejemplo característico se produce cuando un alumno es capaz de resolver un problema complejo y, al final, cuando lo que le queda para concluirlo es una tarea sencilla, se equivoca inexplicablemente (2+2=3). Al niño con DA le cuesta sostener o mantener la atención en las tareas, incluso en los juegos, cuando estos se prolongan en el tiempo, condicionando con frecuencia cambios de foco de atención o de tarea, de manera que pasan de un juego a otro sin “terminar” el anterior, distrayéndose con pequeños detalles o con cosas sin importancia.

Su entorno se queja de que no escucha cuando hablan y, aunque no es real del todo, sí que es una sensación bastante frecuente, de manera que parece no atender cuando se le habla directamente. En esta misma línea no suele terminar órdenes complejas o simultáneas, dando la apariencia de no hacer caso al no seguir las instrucciones o no querer finalizar las tareas escolares. De nuevo tiene más que ver con las dificultades de sostener la atención que con la negación a hacer las cosas. De la misma forma tiende a evitar o renegar de aquellas tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido e intenso, posponiendo su inicio. Sin embargo, una vez las comienza está capacitado para ejecutarlas de forma razonable, a excepción de los detalles del final, donde de nuevo vuelve a presentar problemas.

En general, son niños que se organizan mal al realizar sus tareas o actividades, gestionan incorrectamente su tiempo y tienden a dejarlo todo para el último minuto. Pierden cosas necesarias para la realización de las tareas, por ejemplo, los días de gimnasia se olvidan las zapatillas. Les cuesta prestar atención a los pequeños detalles, por lo que dan la imagen de personas descuidadas en las actividades diarias.

Lo importante de estos síntomas es que, además de estar presentes, causen disfunción o problemas relevantes y que sean estables en el tiempo. Cuando son de reciente aparición tenemos que pensar en otras causas que puedan condicionar síntomas de inatención o interferir en el rendimiento cognitivo. El plantearse un buen diagnóstico diferencial es uno de los pilares del correcto diagnóstico del TDAH, imprescindible para conseguir soluciones efectivas.

 Una vez conocido el funcionamiento de los niños con déficit de atención y el porqué de sus dificultades, entenderemos que lo que sucede es que el sostener la atención o concentrarse en determinadas tareas, requiere un sobreesfuerzo con respecto a su grupo de iguales, que condiciona un agotamiento precoz y, en definitiva, un no poder prestar atención tanto tiempo o, al menos, una pérdida de eficacia en la realización de determinadas tareas.

Esta situación sostenida en el tiempo termina por derivar en un patrón de conductas centrado en la evitación del esfuerzo, como estrategia de prevención del autoconcepto. Si un niño se esfuerza y alcanza las metas esto redunda en un fortalecimiento de su autoestima. Si por el contrario su esfuerzo no obtiene recompensa y se vuelve a esforzar, pero lo que consigue es una nueva frustración, con el tiempo esto afectará negativamente a su autoestima. De manera progresiva va a tratar de evitar las tareas que requieran un esfuerzo mayor, por lo que se puede generalizar a cualquier esfuerzo cognitivo, entrando en un bucle en el que es sencillo entrar, pero bastante complicado salir.

El filiar de manera equivocada esta dinámica condiciona también la búsqueda de soluciones y se puede optar por algunas no claramente eficaces. Tradicionalmente, la primera suele ser el castigo o refuerzo negativo, condición que no va a romper esta espiral, sino que puede perpetuar el bucle antes descrito, ya que sin apoyo es poco probable que el niño sea capaz de reconducir su situación y conseguir hacerlo de una manera durarera. Por el contrario, un análisis de lo que está sucediendo, con una reformulación de los objetivos y la puesta en marcha de las ayudas necesarias, va a ser una vía más razonable para solventar las dificultades.

Hay que tener en cuenta que el Déficit de Atención, al condicionar la puerta de entrada a otras funciones cognitivas, va a dificultar el ritmo del aprendizaje. Con esto no se quiere decir que detrás de todo niño con problemas escolares o dificultades en el rendimiento, estemos ante un niño con TDAH, pero sí que el Déficit de Atención, como parte nuclear del TDAH, está detrás de un número importante de niños con mal rendimiento escolar, multiplicando el riesgo de fracaso escolar y siendo, quizá, su principal causa.

La detección precoz es clave para ayudar al alumno.

Como en casi todo en medicina, la precocidad en el diagnóstico influye positivamente en el pronóstico. No existe ninguna razón de peso que nos deba llevar a diferir en el tiempo la consulta cuando la duda surge. Cuando un niño comienza con estos problemas deben ser los equipos de orientación de los centros escolares, en colaboración con su pediatra de atención primaria, los que estando al tanto de las mismas, valoren la intensidad del episodio y decidan si es necesaria la derivación al especialista de psiquiatria del niño y del adolescente, para un completo diagnóstico. El especialista hará hincapié en el diagnóstico diferencial, descartando otras posibles causas y analizando el funcionamiento global de cada niño para planificar, si fuera necesario, el abordaje terapéutico.

El tratamiento de estos niños ha de ser lo más parecido a un traje a la medida, definiendo las necesidades a corto plazo, pero también teniendo presentes los objetivos a medio y largo plazo, ya que la condición de TDAH suele acompañar a los niños de manera prolongada en el tiempo. Los enfoques más eficaces son los que denominamos multimodales que abogan por el uso combinado de cuantos recursos sean necesarios para favorecer la respuesta global y adaptación funcional del menor.

Manejo del DA en el aula.

Los profesores son los que disponen de un observatorio inmejorable para la detección de los posibles casos de TDAH en las aulas, pero su papel no debe terminar ahí. Por la intensidad de la relación con sus alumnos, por la preparación en el campo del aprendizaje y por el tiempo que están con ellos en clase, los maestros son unos pilares básicos para el abordaje global de estos niños, en interrelación y de manera coordinada con otros profesionales.

Uno de los primeros pasos es la psicoeducación, cuyo objetivo principal es conocer en profundidad qué es el TDAH, cómo funciona o, más exactamente, cómo disfunciona, para de esa manera poder atribuir cada comportamiento a su origen y responder de manera adecuada, adelantándonos a las necesidades del alumno. Una de las claves va a ser la anticipación: si sabemos o prevemos cierta dificultad, el adelantarnos a los problemas será beneficioso. Otro de los aspectos clave será la manera de dirigirnos a estos niños, se ha de hacer de forma directa, clara y concisa, para que el mensaje sea diáfano, fraccionándolo cuando lleve varias tareas complejas simultáneas.

Son niños con periodos eficaces de atención cortos, por lo que rendirán mejor con tareas igualmente cortas y, en la medida de lo posible, con un feedback inmediato. Funcionan mucho mejor con el refuerzo positivo por sus logros, que con el castigo por sus errores, de manera que el premio debe ser prioritario al castigo. Como les cuesta organizarse, ayudarles a mantener un orden y un horario será clave en su rendimiento. Así, tutorizar sus progresos y sus agendas les ayudará a seguir el ritmo del aula. Utilizar pequeñas señales acústicas o visuales en la clase de vez en cuando para captar la atención y ayudarle a mantener su foco -es decir, la clase- suele ser otra estrategia y sencilla de aplicar.

La causa más frecuente de fracaso escolar.

A modo de resumen, hemos de tener en cuenta que los niños con Déficit de Atención en el contexto del TDAH, no atienden porque no pueden y no porque no quieran, son vagos o nos toman el pelo. El TDAH es un claro factor de riesgo para la adquisición de un correcto aprendizaje e incluso multiplica el riesgo de fracaso escolar, estamos ante la causa más frecuente de fracaso escolar potencialmente tratable.

Es un problema tratable y se debe partir de un completo diagnóstico que nos ayude definir las necesidades concretas de cada niño. En el plan de tratamiento, los profesores y maestros pueden jugar un papel clave con la implementación de estrategias en el aula que favorezcan la evolución de estos niños. La acción más importante será el adelantarnos a las necesidades.

Fuente: ¿Cómo descubrir el Déficit de Atención en el aula? Javier Quintero en Cuadernos de Recursos.

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